Cada verano vuelve a confirmarse una certeza que conozco bien: cuando una comunidad cuenta con infraestructura pensada para su vida cotidiana, la hace propia. Los natatorios comunales de Las Colonias son hoy espacios llenos de actividad, donde chicos, jóvenes y adultos comparten jornadas de deporte y recreación. No siempre fue así. En muchas localidades, hasta hace pocos años, estos lugares no existían.
El programa Deporte y Recreación nació de escuchar una demanda concreta. En recorridas y charlas con instituciones y vecinos aparecía una misma falta: espacios accesibles para el deporte, el encuentro y el cuidado durante los meses de calor. A partir de esa necesidad, el desafío fue claro: convertirla en infraestructura de uso público, pensada para todas las edades y sostenida por el trabajo local.
La decisión fue avanzar donde no había alternativas. Crear natatorios comunales allí donde el mercado no llega y donde una política pública bien diseñada puede generar un impacto directo en la vida comunitaria. Cada proyecto se abordó con una lógica simple y exigente a la vez: que el lugar quede, que sea de la comunidad y que tenga continuidad en el tiempo.
Hoy son dieciséis los natatorios que integran esta red en Las Colonias. Cada uno responde a su realidad, a su escala y a su forma de organización, pero todos comparten una misma idea de fondo: ampliar oportunidades. Un espacio así no es solo una obra. Es una herramienta que habilita hábitos, cuidado, convivencia y acceso al deporte en igualdad de condiciones.
Siempre sostuve que el deporte y la recreación forman parte del desarrollo integral de las personas. No son un complemento ni un lujo estacional. Son una dimensión central de la vida en comunidad, especialmente cuando están pensados desde lo público y articulados con las instituciones locales que los sostienen día a día.
Más allá de cualquier número, este programa dejó instalada una manera de hacer. Trabajo conjunto, decisiones sostenidas y una mirada que entiende a la infraestructura social como una inversión a largo plazo. Lo que se construye no se agota en la temporada de verano: se proyecta en el tiempo, en los vínculos que se fortalecen y en una comunidad que reconoce esos espacios como propios.
Ese es el sentido de impulsar políticas de este tipo. Escuchar, transformar una necesidad en hechos concretos y dejar capacidad instalada para que cada localidad siga creciendo desde lo que es y desde lo que hace todos los días.







