Hacer un balance de Un Recreo en Positivo es revisar un camino recorrido con muchos actores y un mismo sentido. A lo largo del tiempo, el programa fue llegando a cada localidad del Departamento Las Colonias a través de las escuelas, confirmando que ese es el lugar donde las ideas con mirada comunitaria se vuelven reales.
El alcance del programa no es casual. Las maestras, los maestros y los equipos directivos abren las puertas porque comprenden el valor de generar espacios donde se promueven los derechos de las niñas y los niños. En cada escuela, el recreo se transforma en un momento distinto: juego, risa, encuentro e igualdad, sin diferencias, compartidos por todos.
Desde el balance, hay algo que se repite en cada visita: cuando el derecho a jugar se vive en primera persona, el impacto es inmediato. Los chicos se apropian del espacio, participan, se reconocen iguales. Eso confirma que la propuesta funciona porque está pensada desde lo simple y lo humano, y porque se ejecuta con compromiso y sensibilidad en cada lugar.
Nada de esto sería posible sin el rol central de los docentes. Son un eslabón clave para que Un Recreo en Positivo llegue y se sostenga en el tiempo. Cuidan y acompañan lo más valioso de cada comunidad, y su trabajo cotidiano es lo que permite que el programa sea esperado y valorado en cada escuela.
Este balance deja una certeza: el sentido comunitario de Un Recreo en Positivo es su mayor logro. Es el resultado del trabajo compartido entre instituciones, docentes y equipos que creen en una misma idea. Cuando una política pública se construye así, no solo alcanza a muchos, sino que deja huellas que valen la pena sostener.
