Hace unos días, participé de una charla convocada por el Centro de Industria, Comercio y Afincados de Esperanza (CICAE), donde compartimos miradas sobre el proceso de reforma constitucional que atraviesa nuestra provincia.
Fue un encuentro valioso, no solo por la presencia de referentes del sector productivo, de la Sociedad Rural y de instituciones de nuestra región, sino porque una vez más quedó claro que en Las Colonias hay voluntad de involucrarse, de preguntar, de aportar y, sobre todo, de defender lo que sentimos como propio.
Desde el inicio de este debate, sostengo una convicción: la reforma constitucional no puede ser un trámite político alejado de la realidad, tiene que responder a las verdaderas necesidades de nuestras comunidades. Porque si no parte de ahí, pierde sentido.
Mi compromiso es con nuestras instituciones, con la identidad de Las Colonias y con quienes cada día hacen posible la vida en comunidad. No con agendas impuestas desde arriba que poco entienden del esfuerzo cotidiano de quienes vivimos este territorio.
Estoy convencido de que necesitamos una Constitución que avance en serio hacia la autonomía municipal, que incorpore herramientas para enfrentar con decisión problemáticas como el abuso sexual, y que garantice un equilibrio justo entre desarrollo productivo y cuidado del ambiente. Temas centrales, que deben dejar de ser reclamos históricos para transformarse en derechos constitucionales.
También reafirmé algo que me preocupa: el proceso no está siendo bien comunicado. Falta información clara, transparente, que permita a cada vecino y vecina comprender de qué se trata y por qué es importante involucrarse. Por eso, valoro tanto estos espacios de diálogo: nos permiten mirar con profundidad y desde el territorio lo que otros pretenden imponer desde una mirada lejana.
Gracias al CICAE por la invitación y por generar este tipo de encuentros. Estoy convencido de que el camino hacia una reforma legítima comienza escuchando, dialogando y construyendo en positivo.
