Inaugurar el natatorio del Club Bartolomé Mitre me permitió confirmar, una vez más, el valor que tienen las instituciones cuando impulsan proyectos que mejoran la actividad de sus comunidades. Cada vez que una obra se concreta, se fortalece un modo de trabajar que prioriza necesidades reales y las transforma en resultados visibles.
En Mitre avanzamos paso a paso, a partir de un pedido claro y de un acompañamiento sostenido. Hoy la institución cuenta con un espacio que amplía sus propuestas deportivas y que se suma a un programa que crece porque se apoya en decisiones estables y en un vínculo de confianza con quienes todos los días sostienen la vida del club.
Dieciséis natatorios no hablan de una serie de anuncios, sino de una manera de gestionar que se sostiene en el tiempo. Creo en esa continuidad que ordena el trabajo y deja capacidad instalada en cada localidad, porque es ahí donde se mide el impacto de lo que hacemos.







